Miedo

     Velado entre las brumas de la mañana llueve miedo envuelto en moléculas de aire cubriéndolo todo. Las tierras yermas, las plazas, las fuentes, las calles…, las madres.

     Cubre edificios enteros de miedo, el metro, el taxi, los bares, teatros, escuelas, comercios; todo se vuelve gris e insignificante. Las monedas son de miedo y solo miedo puedes comprar en estanterías llenas de miedo;  gabanes negros de miedo para el frío, perfumes que parecen salvarse pero su olor es el miedo; deambulan personas cubiertas de miedo buscando refugios que les den de comer y en sus platos solo encuentran humeante miedo caliente y una tertulia en la que solo se habla con miedo sobre miedos. La televisión pasa una película cuyo argumento y actores son miedo y la radio ondea canciones llenando oídos de miedo.

     Los niños a la puerta parecen niños, pero solo juegan a chapas con su miedo para no morir helados.hope-463567_1280

     El extranjero que llegó con esperanza perenne pasea por esa calle y, sin saberlo, se embriaga de miedo. Muerde el miedo de edificios y fuentes, devorando de las plazas y madres su miedo. Entra en bares y escuelas, ¡más miedo! Pide a los niños su miedo. Y así, borracho de miedo duerme, se va sintiendo lleno. Quiere ser rico de miedos. Y los tiene, los va robando, adquiriendo coloridos miedos y se perfuma con miedo, se lo bebe… Hasta que mi ciudad despierta engalanada y, aunque todo parece normal, da miedo ver que sigue en las mismas coordenadas de mi mapa.

Cillán M. -2010-

Miedo

Mis intenciones ficticias

     A mí me interesa que se hable de recuperación económica. Me interesa que la gente se lo crea, sobre todo las pequeñas y medianas empresas. Me interesa muchísimo que el optimismo alcance sus cotas más elevadas. Y, sobre todo, me interesa que sea verdad. Pero no me puedo -ni os debería- engañar. Porque sería el primer paso, quizá el único, hacia el precipicio.

Mis intenciones ficticias.Presidente del Gobierno de Mi Casa

Mis intenciones ficticias

     Los mundos ideales tienen mucho de verdad, pero tienen mucho más de intenciones, y la intención con que se hacen las cosas es quizá lo peor de las acciones.  A veces los hechos no responden a las intenciones, ni las justificaciones que se aportan responden a la verdad de la intención que las motivó.

     Seguro que todos recordáis haber escuchado alguna vez algo así como, “lo siento, no fue mi intención”. Y quizá sea cierto que quien os hablaba creyera que no era esa su intención, pero ¿cuál era entonces? ¿Te hizo daño cuando su intención era demostrarte cuánto te quería? La mente te dirá una y otra vez que las palabras no encajan con los hechos. Y esa es la única forma de saber si las intenciones fueron o no las que tú crees que fueron. Si mi intención es demostrarte cuánto te quiero, mi mente se centrará en aquellas cosas que yo sé que te gustan, que te producen placer, alegría, ilusión…, ¿y resulta que lo que finalmente hago es dañarte?. ¿Qué ha podido fallar entonces? Ha fallado, y estrepitosamente, la variable más importante: que yo te quiera de verdad, y que cuando piense en eso que te gustará piense solo en ti y en tus deseos, sin que intervengan para nada los míos.

     Traslademos este ejemplo a la política. Quieren que nos sintamos bien, demostrarnos que hacen cosas por nosotros porque nos valoran como ciudadanos y gobiernan para todos. Y, en el mejor de los casos,  hacen cosas que ellos creen que son lo mejor para nosotros. ¿Qué falla entonces si el resultado de esas cosas no redunda verdaderamente en algo positivo para nuestra vida? Que vuelve a fallar la variable más importante: no es verdad que nos quieran, por tanto, la intención verdadera nunca puede ser complacernos.

     Las palabras se las lleva el viento.

Mónica Cillán.

Mis intenciones ficticias