Cómo cumplo yo mis sueños

Una personita (a la que quiero mucho) me acaba de pasar un artículo acompañado del siguiente mensaje:

“Hasta a nosotras, que tendemos a conseguir lo que verdaderamente queremos, nos viene bien”.

Y añadía que, aunque el artículo no dice nada nuevo, tiene fuerza. Y es verdad. Discrepo del tono, de la estructura y de la retórica del mismo, pero el mensaje es potente y acertado.

Esto me hace recordar algunas conversaciones en las que he tenido que explicar cómo funciona mi forma de conseguir mis sueños. Y no son pocos los que se han cumplido (otros sé que vienen en camino). Cuando hablo de esto, la pregunta que me suelen hacer es “¿Y qué haces para conseguirlos?”, de entrada suelo responder que nada. Pero no es del todo cierto. No hago nada, en realidad, de lo que se considera que hay que hacer para lograrlos, pero sí hago algo (mucho más efectivo y eficaz) para dejar que los sueños lleguen hasta mí y se vayan cumpliendo.

¿Qué son para mí los sueños?

Los sueños no dejan de ser objetivos que nos marcamos como ideales a los que aspirar (dedicarte a lo que te gusta, vivir junto al mar, formar una familia…) y, por tanto, son realizables. Luego están las fantasías, que son los sueños irrealizables. Y hay que saber distinguir entre unos y otros. Hoy os hablo de los sueños realizables, lo que suelen llamar por  ahí “tus objetivos en la vida”.

¿Cómo nacen?

Todos buscamos hacer cosas que nos hagan sentir bien, aspiramos a la mayor satisfacción posible y, por tanto, perseguimos lo que consideramos mejoras. Un mejor trabajo, un mejor horario, un mejor lugar donde vivir, pero si los planteamos de forma general, sin definir, dejan de ser objetivos realizables.

Hay que concretar:

Un mejor trabajo > Quiero trabajar de lo que me gusta, dedicarme a la comunicación online (en mi caso). ¡Cumplido!

Un mejor horario > Quiero trabajar desde casa para poder organizar mi tiempo como mejor considere y tener libertad de movimiento. ¡Cumplido!

Un mejor lugar donde vivir > Quiero vivir junto al mar, en un entorno poco masificado y en una casa agradable pero sencilla. ¡Por cumplir!

Qué hago con ellos:

Me los creo. Me los repito. Me los tatúo en el cerebro. Imagino cada detalle de cada sueño por cumplir, hasta la extenuación. Lo digo en voz alta segura de lo que estoy diciendo. Me imagino viviéndolos, disfrutándolos, compartiéndolos. Imagino también qué beneficios tendrán en mi vida. Y, por supuesto, valoro las renuncias que tendré qué hacer, los sacrificios que supondrán, el esfuerzo que requerirán y la actitud que tendré ante las objeciones que me vaya encontrando.

Y ya está, así se cumplen.

¿No me crees? Piénsalo.

Predispongo a mi mente de tal forma hacia un objetivo, que todas las decisiones que voy tomando, aun de manera inconsciente, me van dirigiendo a cada uno de ellos.

Cuando me encuentro con gente negativa o pesimista que todo lo ve irrealizable, me paro a observar cómo es su vida, cuáles son sus sueños y qué está haciendo para conseguirlos. Y en la mayoría de los casos son personas resignadas a la situación que tienen. Por tanto, su opinión no cuenta y la descarto.

Cuando me encuentro con gente crítica o curiosa que hace observaciones o preguntas, abro la mente, las orejas, los ojos. Escuchando sus críticas o dudas me hace replantearme el camino a seguir, ¡ojo: nunca el sueño a cumplir, solo la manera de conseguirlo! Quizá me descubran que he de cambiar algo de mi actitud, de mi hábito diario, de mi actividad. Y tomo buena nota.

La actitud:

La actitud lo es todo. Hay que aceptar que los cambios suponen riesgos, renuncias, sacrificios y estar dispuestos a asumirlos. Y cuando se presente la oportunidad de acercarse un paso más a ellos, no dudar y tomar la decisión. Pese a quien pese y cueste lo que cueste.

¿Y cuándo se cumplen?

Al principio no te lo crees. Luego te alegras. Luego te recriminan ciertas cosas y, al final, comprendes que toca disfrutarlo y marcarse el siguiente objetivo.

¿Te has dado cuenta de que no he utilizado ni una vez la palabra suerte?

¿Qué haces tú para conseguir tus sueños?

Mónica Cillán

@mcilland

Cómo cumplo yo mis sueños

Título del cuento: Él firmó el TTIP

Si te dijera que estamos siendo colonizados, probablemente me tratarías de convencer de que eso en occidente no es posible y que me replanteara mi opinión. Todos entendemos la colonización como un acto violento en el que un país es invadido por otro, basándonos en el conocimiento histórico que tenemos de las colonizaciones de países europeos en Sudamérica, África o Asia, sobre todo en los siglos pasados. Incluso las más recientes intervenciones estadounidenses en países de Oriente Medio.

Hoy me propongo ampliar la visión que tenemos de colonización:

la que se lleva a cabo a través de la seducción.

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Imagen propiedad de valoresdigital.es

Erase una vez, en una comunidad de vecinos…

1.- Planteamiento:

El presidente de tu comunidad te informa, en la reunión de vecinos, de que ha firmado un acuerdo, sin consultarte, por el que yo llenaré tu nevera cada día; a cambio, tú solamente deberás dejar tu puerta abierta de par en par para que yo pueda entrar a cumplir mi parte del trato.

¿Hasta aquí estamos de acuerdo? Todo parecen ventajas, ¿no?

2.- Primeros resultados:

Pasado un tiempo, tú decides que ya no quieres comer más la comida que yo te llevo porque incluye productos transgénicos que son perjudiciales para la salud, y decides cerrarme la puerta. Estás en tu derecho (o eso crees).

3.- Consecuencias:

Yo acudiré al presidente de tu comunidad a exigirle que te obligue a mantener tu puerta abierta o me tendrá que indemnizar en la cuantía que yo estime que pierdo ante tu arrebato.

Supuestamente, este era un acuerdo en el que nadie perdía nada, de hecho, yo me estaría ahorrando la comida que te llevo directa a tu casa. ¿Por qué me enfado entonces y pido que me indemnicen? Bueno, al presidente se le olvidó informarnos de que no nos podíamos negar a dejar nuestra puerta abierta de par en par.

Todos los vecinos pedirán al presidente que acuda a un juzgado a denunciar el abuso, pero no podrá, porque en la letra pequeña del acuerdo ponía que el trato estará sujeto a un ‘tribunal privado’ que me dará la razón, seguramente, porque quien habrá incumplido el compromiso serás tú al cerrarme la puerta.

Entonces, el presidente de la comunidad tendrá dos opciones: obligarte a mantener tu puerta abierta de par en par hasta que yo quiera, o coger los fondos de la comunidad e indemnizarme, con lo que la caja común se quedará vacía.

4.- Daños colaterales:

Si te obliga a mantener la puerta abierta, acabarás por revelarte, causando disturbios en la comunidad. El presidente se verá obligado a reprimirte tu deseo de comer sano enviando a la policía, pues los tratos están para cumplirlos.

Pero si el presidente decide salvaguardar tu derecho, tus vecinos te odiarán por haber querido defender tu derecho a alimentarte de forma sana, porque habrá que indemnizarme y, por tanto, habrá que despedir a la señora de la limpieza y apagar la luz de la escalera de forma permanente; no podrá regar los jardines porque no podrá permitirse el gasto de agua, y pedirán cada día que no haya una avería en la escalera en mucho tiempo porque no podrán repararla.

¿Qué opción consideras que es la mejor que podría tomar el presidente de tu comunidad?

Y lo más importante, ¿quién protegerá tu derecho a comer sano?

FIN.

Personajes invitados:

Yo: EEUU-UE

Tú: España

Presidente de la comunidad: presidente del Gobierno de España

Comunidad de vecinos: Españoles

Tribunal privado: la nueva forma de justicia marcada por el TTIP

Mónica Cillán.

Título del cuento: Él firmó el TTIP

Mis intenciones ficticias

     A mí me interesa que se hable de recuperación económica. Me interesa que la gente se lo crea, sobre todo las pequeñas y medianas empresas. Me interesa muchísimo que el optimismo alcance sus cotas más elevadas. Y, sobre todo, me interesa que sea verdad. Pero no me puedo -ni os debería- engañar. Porque sería el primer paso, quizá el único, hacia el precipicio.

Mis intenciones ficticias.Presidente del Gobierno de Mi Casa

Mis intenciones ficticias

     Los mundos ideales tienen mucho de verdad, pero tienen mucho más de intenciones, y la intención con que se hacen las cosas es quizá lo peor de las acciones.  A veces los hechos no responden a las intenciones, ni las justificaciones que se aportan responden a la verdad de la intención que las motivó.

     Seguro que todos recordáis haber escuchado alguna vez algo así como, “lo siento, no fue mi intención”. Y quizá sea cierto que quien os hablaba creyera que no era esa su intención, pero ¿cuál era entonces? ¿Te hizo daño cuando su intención era demostrarte cuánto te quería? La mente te dirá una y otra vez que las palabras no encajan con los hechos. Y esa es la única forma de saber si las intenciones fueron o no las que tú crees que fueron. Si mi intención es demostrarte cuánto te quiero, mi mente se centrará en aquellas cosas que yo sé que te gustan, que te producen placer, alegría, ilusión…, ¿y resulta que lo que finalmente hago es dañarte?. ¿Qué ha podido fallar entonces? Ha fallado, y estrepitosamente, la variable más importante: que yo te quiera de verdad, y que cuando piense en eso que te gustará piense solo en ti y en tus deseos, sin que intervengan para nada los míos.

     Traslademos este ejemplo a la política. Quieren que nos sintamos bien, demostrarnos que hacen cosas por nosotros porque nos valoran como ciudadanos y gobiernan para todos. Y, en el mejor de los casos,  hacen cosas que ellos creen que son lo mejor para nosotros. ¿Qué falla entonces si el resultado de esas cosas no redunda verdaderamente en algo positivo para nuestra vida? Que vuelve a fallar la variable más importante: no es verdad que nos quieran, por tanto, la intención verdadera nunca puede ser complacernos.

     Las palabras se las lleva el viento.

Mónica Cillán.

Mis intenciones ficticias