Otra vez 8 de marzo

Vuelve a ser 8 de marzo. Volvemos a teñirnos de lila. Volvemos a colgar frases y lazos reivindicativos. Asistimos estupefactas a la reivindicación masculina (de algunos y algunas) de un Día del Hombre. Leemos frases humillantes que pretenden animarnos. Nos convertimos en heroínas por un día. Nos felicitan. Nos besan. Nos regalan… ¡Basta ya!

Hoy es 8 de marzo de nuevo. Yo solo puedo pensar en la necesidad de que nos cambien a todos el cerebro si queremos que algo cambie de verdad. La igualdad no solo se reivindica, la igualdad también se ejerce. Se lucha en el día a día, se conquista cada vez que plantamos cara a los comentarios machistas, sexistas, humillantes o jocosos (provenientes de hombres o mujeres). Cuando se invade el espacio que nos corresponde, cuando lo tomamos físicamente y no permitimos que nos desalojen. Cuando renunciamos a un puesto de trabajo en el que nos paguen menos que a nuestro compañero hombre (por el simple hecho de serlo). Cuando nos plantamos en casa y repartimos las responsabilidades de forma equitativa. Cuando no renunciamos a nada por el hecho de ser mujer. Cuando opinamos abierta y libremente, y en cualquier contexto, de lo que pensamos.

Ya, que suena muy bonito pero que cómo se hace eso de renunciar a un trabajo con lo mal que está la cosa; que para qué enfrentarnos a los comentarios de bar si, total, son bromas; que qué es eso del espacio que nos corresponde y tomarlo físicamente; que lo de repartir las responsabilidades en casa está muy bien, pero cómo hacer para que se lleve a cabo… ¿Veis como necesitamos un cambio de cerebro radical?, todo esto solo son excusas.

Observo que la mayoría no sabe ni por qué se celebra este día (ni tiene ninguna curiosidad por saberlo), qué acontecimiento rememora, qué objetivo tiene. Bien, pues da igual todo eso, porque lo único que no se me va de la cabeza es que si existe, si es necesario que exista un Día Internacional de la Mujer Trabajadora, es porque todo sigue estando mal, muy mal. Y no lo vamos a cambiar solo con lacitos, con tuits reivindicativos ni con publicaciones como esta. Es hora de volver a leer el segundo párrafo.

 

Mónica Cillán

@mcilland

Otra vez 8 de marzo

La intrahistoria actual

     No hay nada más difícil de frenar que la intrahistoria. Y cada vez menos, pero no porque el momento sea decisivo, ni porque vayan a cambiar muchas cosas en poco tiempo. Ahora es más difícil porque ya no está reservado su relato a los observadores; ahora son los mismos protagonistas quienes informan al resto de la humanidad de lo que está ocurriendo. La intrahistoria corre como la pólvora de un sitio a otro, sin océanos, sin fronteras, sin barreras… Los observadores se pondrán sus gafas ideológicas y filtrarán la intrahistoria para contarla como más les interese. Lo que ha cambiado es que su versión ya no tendrá que esperar a que, pasados los años, se debata en algún foro de expertos o aficionados sobre “la verdad” de lo ocurrido y que, a su vez, aplican su propio filtro y lo analizan a través de su propia experiencia, alejada de los que aquél suceso, cualquier suceso, vivieron. Ahora, esas versiones de los observadores son revisadas al momento, apoyadas o rebatidas en tiempo real, sustentando los argumentos en la propia experiencia que se está viviendo. Así, en gerundio. Bailan las cifras que las imágenes desmienten, bailan los datos que la realidad niega, y tiembla el observador al comprender que está en juego su relevante papel de antes.

     Pero, ¿qué está pasando en la intrahistoria? Se mueven como hormigas pequeñas legiones de ciudadanos socorriendo a ciudadanos abandonados; legiones de ciudadanos defendiendo derechos que les están siendo usurpados; legiones de ciudadanos plantando cara a las decisiones que les acorralan. Y más legiones, como hormigas laboriosas, construyendo los cimientos de lo que aún no es visible.

Mónica Cillán.

@mcilland

Este texto es de 2014, pero sigue conservando su vigencia.

La intrahistoria actual

Indignación, reflexión, acción.

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Plaza de Zocodover. Toledo. Mayo de 2011.

        En estos días se cumplen cuatro años y medio de esta fotografía. Jamás había pensado que yo algún día estaría en una plaza pública, rodeada de gente, hablando de política. Expresando libremente mi opinión y escuchando las más diversas opiniones de tantísimas ideologías diferentes. Aprendí mucho, muchísimo, pero lo más importante que aprendí para aplicar a lo que hoy me ocupa fueron dos cosas:

-La primera, saber el significado de las palabras que utilizan las noticias, los políticos y los tertulianos cuando hablan de política. Se podría decir que aprendí un idioma, pues de repente sus frases cobraban un significado real. A veces, realmente terrible.

-La segunda, a entender que la política, hacer política, es mucho más que votar cada cuatro años.

     Durante aquellos días, y a partir de entonces, ha habido cuatro citas electorales:

-Las municipales y autonómicas de 2011, donde el país se tiñó de azul de forma abrumadora.

-Las generales de 2011, donde el gobierno central se tiñó de azul con mayoría absoluta.

-Las europeas de 2014, donde se empezó a observar una tendencia clara de desaprobación a la gestión que se estaba llevando a cabo por quienes habían arrasado en 2011.

-Las municipales y autonómicas de 2015, donde esa tendencia de las europeas se materializó en una reversión de muchas corporaciones municipales y cambios de gobiernos autonómicos.

Durante estos años.

     Siempre me ha interesado la política y, mucho más, la historia. Y este interés ha suscitado que nunca me haya sido ajeno lo que ocurría alrededor. Desde que tengo posibilidad de votar ha habido seis elecciones generales, estas serán las séptimas y serán las primeras en que iré a votar.

     Veintidós largos años desde aquellas generales del ’93 en los que, no habiendo votado, he participado en la vida política sin saber que lo estaba haciendo: formando mi actitud crítica, informándome, debatiendo en casa, con los amigos, en las plazas, en las redes sociales… Y, desde el mes de mayo de 2011, además, reflexionando. Los tres primeros años (de estos últimos cuatro) los pasé muy indignada con lo que ocurría, muy sensibilizada con las medidas que se iban tomando desde los distintos gobiernos, muy atenta a las tertulias, a los periódicos, a la radio y a los políticos, hasta que día 31 de diciembre de 2014 tomé una decisión, entrábamos en año electoral e intentaría evitar en todo lo que pudiera, informarme a través de los medios tradicionales. Busqué medios alternativos de distintas ideologías, leía el BOE, las declaraciones oficiales, las sentencias y procedimientos judiciales ante la corrupción, las reacciones de los distintos partidos ante las mismas. Y, a partir de mayo de este año, me he preocupado de saber qué medidas se adoptaban en los gobiernos municipales y autonómicos en que habían entrado los partidos más recientes: en los habían conseguido tener capacidad de decisión, qué apoyaban cuando eran otros quienes gobernaban o cómo gestionaban sus coaliciones. Y para rematarlo, durante estos días de campaña electoral oficial, solo he visto los debates políticos de los candidatos o miembros de los partidos, los mítines de distintas formaciones y leído sus programas electorales.

Jornada de reflexión.

     Hoy es jornada de reflexión, pero muchos llevamos cuatro años reflexionando y más de veintidós observando y formándonos una opinión crítica.

       Mi conclusión es que lo que está pasando y la situación en la que estamos es algo que yo nunca hubiera imaginado para mi país cuando oía hablar de política en casa, ni cuando empecé a comprender la historia, ni siquiera cuando hubo que echar a un gobierno corrupto allá por los años noventa. Las cosas que pasan hoy son incompatibles con mis valores humanistas, son insostenibles por la razón crítica en virtud de la justicia social y son intolerables para quienes de verdad crean en la democracia.

     Pienso hoy en mis amigos que están lejos y no han podido votar. No son números, son personas a las que se les niega un derecho. Uno más. Y en los abstencionistas que, para paliar esta situación y a través de la Marea Granate, se han puesto en contacto con exiliados para cederles su voto y que puedan ejercer ese derecho vetado.

     Pienso en mi padre, que cuando se enteró de que no estaba inscrito en el censo de aquí se fue corriendo a Correos para que su voto cuente. Y en Alfonso, que también ha votado por correo.

     Y, pienso, cómo no, en todas esas personas que no podrán votar por motivos ajenos a su voluntad.

     Como es lógico, esto es solo un resumen, no podría detallar en un post como este cada una de mis reflexiones sin convertirlo en un tostón, pero servirá para haceros llegar cuál es mi sensación ante la cita electoral de mañana, un momento que yo considero importante para el rumbo futuro de nuestro país y, a nivel personal, un nuevo punto de inflexión en mi forma de ver y afrontar la política. Que desde luego, no se quedará en votar cada cuatro años.

Mi decisión.

      Por todo esto, y por primera vez, creo que cuento con la información suficiente porque la que tengo es importante y pone el foco en lo ineludible (mucha menos de la que me gustaría, pero suficiente).

   Creo también que mi opinión está bien formada y fundada en conclusiones racionales basadas en hechos objetivos y constatables.

      Por tanto, me siento capacitada para votar en plena conciencia de lo que voto, asumiendo los riesgos que conlleva pero sabiendo que la perfección no existe y que los milagros tampoco. No creo que ningún partido político esté capacitado para obrar un cambio lo suficientemente profundo que haga que todos veamos satisfechas nuestras aspiraciones en poco tiempo, pero tengo claro cuál es mi opción mañana. Por eso votaré.

Mónica Cillán.

@mcilland

Indignación, reflexión, acción.

Elecciones Generales 2015

Sé tú mismo,
pero sigue las normas sociales más rancias,
las leyes más injustas,
las injusticias más legales.

Sé tú mismo,
pero no estará bien visto
apoyar a LGTB en sus reivindicaciones,
ni estar en contra del maltrato animal,
ni manifestarte por la sanidad,
la educación,
las renovables y miles de causas más.

Sé tú mismo,
pero a ser posible piensa poco y mal,
debate solo sobre lo que decidan la tele y la prensa,
cree a pies juntillas los mítines políticos,
defiende el maltrato animal,
las puertas giratorias,
los desfalcos,
las estafas…,
cualquiera en su lugar lo haría,
no por avaricia, por tradición.

Sé tú mismo,
pero estás obligado a posicionarte
por un partido o por otro,
por un equipo o por otro,
por una idea o por otra.

Sé tú mismo, insisto,
pero eso sí,
no discutas, no cuestiones,
no pienses, solo cree,
todo lo hacen por tu bien.

Mónica Cillan.

@mcilland

Elecciones Generales 2015

80 años no son nada, Woody.

     Aplico una máxima a mi vida que me hace vivir muy relajada: puesto que no podemos conocer todo lo que se produce, o ha producido, a nivel cultural en el planeta, un día decidí no buscar nada, aparte de lo que son mis temas de interés personal, y que las personas con las que me vaya encontrando sean quienes vayan conformando mi puzle de conocimientos. Así he llegado a autores, música, cine, artículos y demás, que de otra forma no hubiera salido de mí buscar. La segunda parte de este proceso es que todo me interesa a priori. No descarto ninguna de las sugerencias que recibo. Las exploro todas y, al final, algunas encajan conmigo y otras no, pero de todas ellas me quedo con algo que, pasado el tiempo, me va sirviendo.

Imagen de Woody Allen, propiedad de  Alan Light
Imagen propiedad de Alan Light, con Licencia CC.

     Eso fue lo que me pasó con Woody Allen. No era un personaje desconocido para mí, pero me costó acercarme a él. Me daba pereza tanto ingenio frívolo y no supe lo equivocada que estaba hasta que leí un libro suyo. Pero no pasó de ahí, ni me motivó a leer otro ni a ver ninguna de sus películas. Lo que está claro es que, por narices, Woody Allen y yo estábamos condenados a coincidir y todo estaba preparado en el inmenso plan del universo para que ese encuentro tuviera lugar, algo que sucedió no hace muchos años cuando decidimos ir al cine de verano una tarde y la única que ponían era Midnight in Paris. Y funcionó. Verla hizo que me picara la curiosidad por sus películas, aunque no sé decir si las he visto todas, pues tiene tantas que creo que no.

     Mi sensación, desde mi apasionamiento por los juegos de palabras, la ironía y el sarcasmo, es que se trata de una mente privilegiada. Sus películas bien podrían prescindir de la imágenes y seguirían teniendo la misma fuerza.

80 años no son nada, Woody.

Mónica Cillán.

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Imagen propiedad de Alan Light.

80 años no son nada, Woody.

Los 40. ¿Crisis, qué crisis?

     Leyendo este artículo del Huffington Post, me he preguntado en qué momento de mi vida estoy. No recuerdo haber pasado esta crisis y acabo de entrar en la cuarentena – que dicho así, pareciera infeccioso-, pero a los diez segundos de estar parada en el tema me doy cuenta de que sí. De que, si por crisis entendemos una etapa de transición o cambio, quizá sí esté en ese proceso.

     En los últimos años he cambiado de residencia,  reestructurado la empresa  y sentido la constante necesidad de recopilar mentalmente el aprendizaje vital para ponerlo en práctica; y soy consciente de que cuento con dos actitudes nuevas largo tiempo esperadas: la serenidad y la objetividad. En este punto siempre llegan a mi mente las palabras del mejor jefe que he tenido en mi vida, Antonio Hurtado, que en su día me dijo algo así como que el potencial estaba en mí, pero necesitaba templanza. Este recuerdo me reconforta, parece que la templanza va llegando -no sin esfuerzo- y que sus frutos empiezan a asomar.

Y conservo, de la adolescencia y juventud, la sensación de ser capaz de todo. Bendita crisis de los cuarenta.

Mónica Cillán.

Los 40. ¿Crisis, qué crisis?

Soy loco

Ser loco es romper con los formalismos porque así lo sientes, identificarte contigo mismo sin necesidad de aceptación o pertenencia a un grupo, ni una familia, ni un entorno, y pertenecer a él porque te aceptan tal como eres sin necesidad de cumplir sus normas; creer realmente en que la opinión de la masa es impersonal, y por tanto no apta de tener en cuenta; que quien te quiera te querrá por ser loco y por quererles sin estereotipos; y que quien no te quiera lo ha decidido libremente, lo que también está genial; es dejarse llenar la cabeza de realidad para que, una vez pasado el filtro de la locura, solo queden las cosas realmente importantes para ti, las que tú consideres; es, sin duda, la capacidad de amar sin convencionalismos.

Ser loco es ser consciente de tus propias limitaciones y romperlas sin esperar a que nadie te de permiso; apostar por la belleza –del arte, de la naturaleza, de las personas, de los animales…- y cuidarla sin que importen las consecuencias; es luchar contra la injusticia con todo aquello que tengas a tu alcance, sin necesidad de querer cambiar el mundo más allá de las cosas sobre las que puedes incidir y que eso consiga cambiarlo; es dudar de ti mismo cada vez que llegas a una conclusión aceptada socialmente y volver a replantearte todo desde el principio; es sufrir también, desde la sensibilidad de no ser indiferente al sufrimiento ajeno y aparcar todo por mitigar su dolor; es sentir que cada cosa que te ha pasado significa una ocasión ideal para ser aún más loco y seguir tomando las decisiones que todos consideran incorrectas, pero que son las que realmente te dan la oportunidad de vivir como sientes; es soñar con los imposibles que se suelen obviar desde la razón y caminar en su dirección con paso firme, aunque te distraigas por el camino; es llegar, seguir llegando cada día, dando igual cuál sea la meta…

Ser loco, en definitiva,  es saberse cuerdo y hacerle ver al mundo que su cordura es sinrazón.

Mónica.

Soy loco

Ni una menos: 10 cosas que no parecen estar muy claras

   Mañana, 3 de junio, hay una marcha en Argentina, organizada por el colectivo Ni una menos, que agrupa a periodistas, artistas y activistas en una lucha común contra el homicidio de mujeres por el simple hecho de serlo. Quiero darles mi apoyo desde aquí, reivindicando la responsabilidad que tenemos todos como sociedad para acabar con esta lacra social. Y no se nos debe olvidar que el homicidio es el final trágico de un proceso, pero que también hay que acabar con el maltrato que le precede, aunque no acabe trágicamente.

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   Mi decálogo personal:

1.- El maltrato a la mujer no comienza con el primer tortazo. Esto es algo que debe quedar muy claro.

2.- El maltrato psicológico y económico son igual de graves que el maltrato físico y sus secuelas son mucho más duraderas.

3.- Ambos maltratos, el psicológico y el económico, preceden al maltrato físico y se mantienen después.

4.- Ninguna mujer aguanta el maltrato, eso es un error. Lo que sucede realmente, es que está siendo víctima de un sometimiento psicológico que la anula como persona crítica y le impide tomar decisiones.

5.- Una mujer maltratada tiene miedo. Un miedo fundado, y muy real, ante el peligro de ser agredida ella o sus hijos.

6.- El miedo anula la capacidad racional de tomar decisiones que la alejarían de la situación de peligro. Por tanto, mucho cuidado con los juicios a la ligera que se hacen sobre las decisones que toma.

7.- Una mujer maltratada no pide ayuda porque su agresor le ha hecho creer que ella es la culpable de sus reacciones violentas y se avergüenza, aparte de la crueldad social que estigmatiza a una mujer maltratada. No tienen fuerza para enfrentarse al rechazo, ni a las represalias del agresor, por tanto no se arriesga a sufrirlo.

8.- Antes de una agresión física hay signos más que evidentes de que una persona está siendo maltratada. Permanezcamos atentos a los cambios notables en el aspecto físico o el comportamiento, porque pueden esconder una situación de maltrato.

9.- No debemos esperar que una mujer maltratada pida ayuda, hay que ofrecérsela. Hacerle saber que estás ahí y que no la abandonas. Ella intentará alejarse de ti, pero te necesita más que nunca.

10.- No esperes, ni exijas, que una mujer maltratada reaccione y tome decisiones como si no lo fuera. Lo que para ti es lógico, para ella es imposible. Ten paciencia, escúchala y, si lo crees conveniente o eres testigo de una agresión, denuncia.

Algunos tipos de maltrato
Algunos tipos de maltrato

   La forma en que afrontas cada cosa que te pasa te hace ser quien eres. No hay que avergonzarse ni renegar de ello, y si quieres contarlo, hazlo. Yo fui víctima de maltrato psicológico y he comprendido que no debemos callarlo por si nuestra experiencia le sirve a alguien.

Mónica Cillán.

Ni una menos: 10 cosas que no parecen estar muy claras

Mi vida nunca volvió a ser igual después de aquél 15M

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A finales de 2011, compartiendo experiencias con el movimiento Occupy Vienna.

Lo más importante que sucedió en el 15M, y lo que queda después de 4 años, es esa sensación de no estar solo, de sentir la solidaridad de miles de personas desconocidas que comparten contigo el sentimiento de indignación contra la injusticia social y el despertar de una conciencia que nunca jamás podrá volver a  dormirse.

Se han escrito cientos de artículos, entonces y desde entonces, analizando o buscando explicaciones a las causas y efectos de aquél movimiento ciudadano; se han escrito libros, se ha debatido durante horas en radio y televisión; se ha criticado con los argumentos más variopintos, las descalificaciones más asombrosas y los insultos más rebuscados. Se seguirán escribiendo post como este, y como miles más de otros blogueros, en los que intentemos transmitir lo que para cada uno de nosotros significó aquél 15M. Lamento decirles que es imposible describir algo invisible, intangible. Para todos los que vivimos aquello lo que nos queda es el hecho de haber crecido como personas, y eso es tan íntimo e intransferible que se hace muy difícil transmitir completamente cómo, algo así, puede llegar a afectar a tu vida, pero lo intentaré.

En mi caso fue un punto de inflexión personal. Viví en primera persona lo que significan valores como la solidaridad, la generosidad, la entrega, el compromiso y la justicia fuera del entorno personal, con gente que me era desconocida hasta ese momento, pero con la que se crearon lazos indestructibles. Dejaron de ser conceptos para transformarse en vivencias y  después de haber experimentado aquello se me hizo imposible volver a comportamientos, razonamientos o conclusiones anteriores. Sencillamente no estaban allí. Todo había cambiado: la ilusión por sentirte útil con la sociedad; el amor sin condiciones hacia quienes luchaban por lo de todos, no por lo suyo ni sus intereses, sino por lo de cualquier ciudadano, les afectara o no directamente; la gratitud hacia quienes empleaban todo su tiempo en ayudar a quienes lo necesitan, en explicarle a quien no entendía, en compartir con quienes tampoco dormían ni descansaban porque lo que teníamos entre manos era mucho más importante. Me conmovió cómo cientos de personas se acercaban, aún sin participar de la acampada, a ofrecer su ayuda desinteresadamente: abogados, notarios, médicos, funcionarios, profesores, diseñadores, dibujantes, cocineros, camareros, estudiantes, protectoras de animales, periodistas, bomberos, madres, abuelos…, cada uno de ellos dispuesto a aportar lo que mejor sabía hacer por el bien común, para que todo aquello funcionara. Aprendí junto a ellos a perder un miedo que no sabía que tenía.

Desde aquél 15M, para mí ha cambiado el significado de conceptos como compromiso, trabajo en equipo, solidaridad, compañerismo. Y aquí es donde entra la palabra importante que me cambió la vida: libertad. La libertad de tomar las riendas de mi vida asumiendo todas las responsabilidades que ello implica y utilizarla para contribuir en ayudar a crear algo que es más grande que cada uno de nosotros: el pueblo, ese concepto usado muchas veces de modo despectivo, pero que es el mayor bien que tenemos. Y eso es algo que, una vez experimentado, te cambia para siempre.

Gracias a todos los que lo hicieron, y lo siguen haciendo, posible aunque sea otra forma, desde otros ámbitos, cada uno según sus circunstancias. Pero si de algo estoy segura hoy, después de leer lo que algunos de mis compañeros han publicado, es que ese hilo invisible que nos unió sigue existiendo y es indestructible.

Gracias a todos los que seguís manteniendo la conciencia bien despierta.

Mónica.

Actualización: Para los que duden qué sigue existiendo del 15M, les dejo este esquema de Autoconsulta.org

Mi vida nunca volvió a ser igual después de aquél 15M

¿Por qué aparece tanto la palabra resiliencia en determinados artículos?

RAE - Diccionario -Resiliencia
Artículo nuevo. Avance de la 23ª edición. Octubre de 2014.

     Puede parecer lógico que en un entorno de crisis la resiliencia sea un valor a tener en cuenta, pero sin entrar en valoraciones psicológicas, ni en su practicidad en la vida cotidiana, me pregunto por qué ahora se le da tanta importancia si lleva siendo campo de estudio desde los años ’70 del siglo XX… Y me sorprende que no haya sido recogido en el diccionario hasta 2014 ¿Qué ha cambiado?

     Como afirmaba Richard Sennett en su libro “La corrosión del carácter”, hemos pasado de un capitalismo donde se encontraba un trabajo en el que se establecían vínculos temporales, que desembocaban en compromiso mutuo con la empresa, a un nuevo capitalismo en que la fugacidad de los trabajos, y la obligada movilidad, obstaculizan la creación de vínculos y compromisos. Por esta razón, los trabajadores están sometidos a mayores dosis de estrés, inestabilidad e incertidumbre, lo que hace necesaria la aparición de nuevos valores personales, desbancando otros anteriores en las prioridades, para enfrentarse a tal situación. Y uno de esos nuevos valores, que últimamente aparece por todas partes, es la resiliencia.

     En este punto concreto, ¿será la resiliencia la ilusión de adaptación que nos aportan quienes nos han creado el problema para no aportar la solución adecuada?

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“Reflexiones breves”

Mónica Cillán.

¿Por qué aparece tanto la palabra resiliencia en determinados artículos?