Mi experiencia en #CyACartuja

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Siempre he criticado a los profesores que solo basaban su nota final en los resultados de un examen o en los conocimientos teóricos. Para mí es igual de importante la actitud, las ganas de experimentar y la implicación en aquello que se proponga en clase. Por esta razón, es posible que a más de uno le sorprendan los resultados de la actividad que hemos hecho juntos estos días de atrás, pero siendo fiel a mis principios es lo que he valorado: más que el resultado final, el proceso, el compromiso con la actividad y el cómo habéis ido aplicando a los casos prácticos lo que habíamos ido tratando a lo largo de la semana.

No soy una persona de halago fácil, ni los regalo gratuitamente, me gusta más la crítica constructiva y que entre todos nos ayudemos a ser mejores aportando, a su vez, lo mejor de cada uno. Pero sí tengo que deciros que esta semana juntos habéis sacado lo mejor de mí con vuestra actitud y os doy las gracias. De corazón. Vuestra implicación, colaboración y entrega ha conseguido que yo vea recompensadas las horas dedicadas a la actividad con creces. Lo del valor mayor que el costo, ¿recordáis? Pues eso, que me llevo mucho más de lo que aporto y eso siempre es una sensación muy placentera. Y os la debo a vosotros. A todos, porque incluso aquellos que se lo han tomado un poco más a la ligera, estoy segura de que hablando en un tú a tú más personal descubriríamos motivos fundados para tal actitud. Las cosas nunca pasan porque sí, o eso creo yo, y del mismo modo que José Miguel y yo no nos cruzamos en Twitter por primera vez porque sí, ¡mirad donde estamos!, tampoco habrá ocurrido “porque sí” que nos hayamos cruzado todos en esta actividad. El tiempo dirá por qué ha sucedido…

Hasta entonces, os voy a contar

“Mi experiencia en #CyACartuja

Hasta que conocí a José Miguel en Twitter una noche, como os decía, en una sesión de #MarketerosNocturnos (que os aconsejo seguir si os gusta esto del marketing), yo pensaba que la educación, la forma de impartir conocimiento en España se estaba quedando obsoleta. Fijaos, impartir es el verbo que utilizamos, cuando la palabra adecuada sería compartir, si hablamos de conocimientos. Pero cuando me contó en dos tuits que buscaba profesionales para hacer esta actividad que habéis hecho conmigo y con mis compañeros, no lo pensé ni un segundo. Y no sé si José Miguel lo recuerda, pero mi respuesta fue algo así como: “haces que recupere la fe en la enseñanza, cuenta conmigo”. Desde ese momento estoy de su lado incondicionalmente para lo que necesite, por eso este año hemos coincidido vosotros y yo, así comenzó todo.

¿Por qué os cuento todo esto?

Os cuento esto para que veáis el poder que tienen las redes sociales bien utilizadas. Los medios sociales en general no dejan de ser un medio para comunicarse. Y ya está, un medio. Lo que hay detrás de cada nick es una persona de la que podremos aprender algo. No descartéis a nadie por adelantado, dadle la oportunidad de que os explique qué hace, qué sabe, a qué se dedica y quizá, dentro de poco me estéis contando que habéis encontrado proyectos para colaborar o incluso un trabajo en las redes sociales. No desaprovechéis su potencial, y eso, justo eso, es lo que habéis aprendido este año con José Miguel y todos nosotros. La atención al cliente, el marketing y demás es el tema de interés común que compartimos, pero la verdadera enseñanza, y solo es mi opinión, es lo que nunca se os va a olvidar: las redes sociales no son solo para perder el tiempo. ¿Me equivoco? Si opináis diferente (y si estáis de acuerdo, también) me lo podéis contar en los comentarios. Me encantará.

Yo quiero aprovechar la oportunidad para desearos lo mejor. Pero no desearos lo mejor como esos milagros que suceden por suerte o por azar. No, no creo ni en la suerte ni en el azar, creo en el esfuerzo y en la generosidad. Y ahí es donde deseo que estéis, esforzándoos por lo que queréis y siendo generosos y compartiendo conocimientos con los que vengan detrás. Ese es, en mi caso, la fórmula de mi éxito profesional. Que no necesariamente coincide con lo que en general se considera éxito, también es verdad. Yo no estoy forrada ni me llueven los trabajos, soy bastante selectiva y trabajo altruistamente en un proyecto en el que creo antes que en uno que no me guste por mucho que me paguen. Pero esa es mi filosofía, cada uno debéis encontrar la vuestra.

Lo que he aprendido con vosotros.

Yo, lo que he aprendido con vosotros este año es que no es verdad lo que cuentan las noticias de que la juventud española es apática, que no se interesa por nada y todo eso. En realidad, más que aprenderlo, lo he comprobado. No sois jóvenes de esos que pintan los medios de comunicación, todo lo contrario. En la mayoría he visto ganas de aprender, de compartir. Y coincido con los comentarios que teníamos el otro día en Twitter en que mucha responsabilidad de la falta de interés en clase es por el método de enseñanza o por la actitud del profesor en cuestión. También leía en vuestros blogs que no imaginabais, ni por asomo, que esta forma de enseñar existiera y mirad si es posible, lo estáis viviendo. Si José Miguel lo hace, es que es posible. Quizá no sirva para todas las asignaturas, pero para eso está la imaginación, para intentar buscar la fórmula para cada una de ellas. Ahí lo dejo.

Y a vosotros, solo una cosa más, pero importante:

Muchas gracias. Muchísimas gracias por vuestros tuits durante toda la semana, hemos batido hasta un record en el #CyACartuja, jajaja, inimaginable antes de empezar.

Muchas gracias por haber ido a más y haber conseguido motivarme tanto.

Muchas gracias por vuestra humildad y generosidad a la hora de aprender. Y por decir que aprendéis de mí, fijaos, aprender de mí decís, que considero que tengo todo por aprender aún.

Muchas gracias por vuestros correos, por vuestras palabras, muchas de ellas me han emocionado un montón.

Muchas gracias por valorar nuestro trabajo, es algo maravilloso sentirse valorado por hacer bien lo que es nuestra pasión.

Os espero a todos en el futuro,

el presente ya nos lo hemos comido con patatas.

¡Gracias!

Mónica Cillán.

Nota: he decidido no hacer ninguna mención especial porque ya me ha costado bastante decidir lo de los libros y todo eso. Disculpadme, pero cuando se trata de elegir, siempre creo que puedo estar siendo injusta y es algo que llevo fatal. Solo espero que cada uno os veáis identificados en partes de esta carta porque os incluye a todos. Hasta pronto.

Mi experiencia en #CyACartuja

Cómo cumplo yo mis sueños

Una personita (a la que quiero mucho) me acaba de pasar un artículo acompañado del siguiente mensaje:

“Hasta a nosotras, que tendemos a conseguir lo que verdaderamente queremos, nos viene bien”.

Y añadía que, aunque el artículo no dice nada nuevo, tiene fuerza. Y es verdad. Discrepo del tono, de la estructura y de la retórica del mismo, pero el mensaje es potente y acertado.

Esto me hace recordar algunas conversaciones en las que he tenido que explicar cómo funciona mi forma de conseguir mis sueños. Y no son pocos los que se han cumplido (otros sé que vienen en camino). Cuando hablo de esto, la pregunta que me suelen hacer es “¿Y qué haces para conseguirlos?”, de entrada suelo responder que nada. Pero no es del todo cierto. No hago nada, en realidad, de lo que se considera que hay que hacer para lograrlos, pero sí hago algo (mucho más efectivo y eficaz) para dejar que los sueños lleguen hasta mí y se vayan cumpliendo.

¿Qué son para mí los sueños?

Los sueños no dejan de ser objetivos que nos marcamos como ideales a los que aspirar (dedicarte a lo que te gusta, vivir junto al mar, formar una familia…) y, por tanto, son realizables. Luego están las fantasías, que son los sueños irrealizables. Y hay que saber distinguir entre unos y otros. Hoy os hablo de los sueños realizables, lo que suelen llamar por  ahí “tus objetivos en la vida”.

¿Cómo nacen?

Todos buscamos hacer cosas que nos hagan sentir bien, aspiramos a la mayor satisfacción posible y, por tanto, perseguimos lo que consideramos mejoras. Un mejor trabajo, un mejor horario, un mejor lugar donde vivir, pero si los planteamos de forma general, sin definir, dejan de ser objetivos realizables.

Hay que concretar:

Un mejor trabajo > Quiero trabajar de lo que me gusta, dedicarme a la comunicación online (en mi caso). ¡Cumplido!

Un mejor horario > Quiero trabajar desde casa para poder organizar mi tiempo como mejor considere y tener libertad de movimiento. ¡Cumplido!

Un mejor lugar donde vivir > Quiero vivir junto al mar, en un entorno poco masificado y en una casa agradable pero sencilla. ¡Por cumplir!

Qué hago con ellos:

Me los creo. Me los repito. Me los tatúo en el cerebro. Imagino cada detalle de cada sueño por cumplir, hasta la extenuación. Lo digo en voz alta segura de lo que estoy diciendo. Me imagino viviéndolos, disfrutándolos, compartiéndolos. Imagino también qué beneficios tendrán en mi vida. Y, por supuesto, valoro las renuncias que tendré qué hacer, los sacrificios que supondrán, el esfuerzo que requerirán y la actitud que tendré ante las objeciones que me vaya encontrando.

Y ya está, así se cumplen.

¿No me crees? Piénsalo.

Predispongo a mi mente de tal forma hacia un objetivo, que todas las decisiones que voy tomando, aun de manera inconsciente, me van dirigiendo a cada uno de ellos.

Cuando me encuentro con gente negativa o pesimista que todo lo ve irrealizable, me paro a observar cómo es su vida, cuáles son sus sueños y qué está haciendo para conseguirlos. Y en la mayoría de los casos son personas resignadas a la situación que tienen. Por tanto, su opinión no cuenta y la descarto.

Cuando me encuentro con gente crítica o curiosa que hace observaciones o preguntas, abro la mente, las orejas, los ojos. Escuchando sus críticas o dudas me hace replantearme el camino a seguir, ¡ojo: nunca el sueño a cumplir, solo la manera de conseguirlo! Quizá me descubran que he de cambiar algo de mi actitud, de mi hábito diario, de mi actividad. Y tomo buena nota.

La actitud:

La actitud lo es todo. Hay que aceptar que los cambios suponen riesgos, renuncias, sacrificios y estar dispuestos a asumirlos. Y cuando se presente la oportunidad de acercarse un paso más a ellos, no dudar y tomar la decisión. Pese a quien pese y cueste lo que cueste.

¿Y cuándo se cumplen?

Al principio no te lo crees. Luego te alegras. Luego te recriminan ciertas cosas y, al final, comprendes que toca disfrutarlo y marcarse el siguiente objetivo.

¿Te has dado cuenta de que no he utilizado ni una vez la palabra suerte?

¿Qué haces tú para conseguir tus sueños?

Mónica Cillán

@mcilland

Cómo cumplo yo mis sueños

Cosas que me dice mi yo analógico

En la vida (y, sobre todo, en Facebook) triunfan tres cosas:

la mediocridad, los estereotipos y el miedo.

Mi yo analógico. Foto de Tatsuyoshi Hattori Pedraja
Imagen de Tatsuyoshi Hattori Pedraja. (Gracias).

Es interesante ver cómo se apoya (en esta red social), sin nigún tipo de escrúpulo, a gente y contenidos mediocres que no aportan nada de valor. Siendo simples copias de copias de copias y refritos de publicaciones o de consejos de coaching.

Me sorprende, también, que se usen lazos y frases reivindicativas en, por ejemplo, el Día de la Mujer, y luego llenéis los perfiles de imágenes y frases que la denigran. (Esto valdría para cada una de las causas que se reivindican).

Y el miedo, que campa a sus anchas. No hay más que veros la rabia y la inquina en los comentarios politicos y en las reacciones a una crítica. Se intenta hacer pasar por opinión, pero a mí me parece un escudo de palabras con el que intentar defenderse, como si una opinión contraria supusiese un ataque feroz. Mesura, señores, aprendamos escuchando opiniones diferentes.

Y, de verdad, no es obligatorio publicar cosas (miles de cosas absurdas, la mayoría de las veces) a diario. Si no tienes nada que aportar un día, no pasa nada. Cállate y disfruta leyendo al resto.

Mónica Cillán

@mcilland

Cosas que me dice mi yo analógico

Otra vez 8 de marzo

Vuelve a ser 8 de marzo. Volvemos a teñirnos de lila. Volvemos a colgar frases y lazos reivindicativos. Asistimos estupefactas a la reivindicación masculina (de algunos y algunas) de un Día del Hombre. Leemos frases humillantes que pretenden animarnos. Nos convertimos en heroínas por un día. Nos felicitan. Nos besan. Nos regalan… ¡Basta ya!

Hoy es 8 de marzo de nuevo. Yo solo puedo pensar en la necesidad de que nos cambien a todos el cerebro si queremos que algo cambie de verdad. La igualdad no solo se reivindica, la igualdad también se ejerce. Se lucha en el día a día, se conquista cada vez que plantamos cara a los comentarios machistas, sexistas, humillantes o jocosos (provenientes de hombres o mujeres). Cuando se invade el espacio que nos corresponde, cuando lo tomamos físicamente y no permitimos que nos desalojen. Cuando renunciamos a un puesto de trabajo en el que nos paguen menos que a nuestro compañero hombre (por el simple hecho de serlo). Cuando nos plantamos en casa y repartimos las responsabilidades de forma equitativa. Cuando no renunciamos a nada por el hecho de ser mujer. Cuando opinamos abierta y libremente, y en cualquier contexto, de lo que pensamos.

Ya, que suena muy bonito pero que cómo se hace eso de renunciar a un trabajo con lo mal que está la cosa; que para qué enfrentarnos a los comentarios de bar si, total, son bromas; que qué es eso del espacio que nos corresponde y tomarlo físicamente; que lo de repartir las responsabilidades en casa está muy bien, pero cómo hacer para que se lleve a cabo… ¿Veis como necesitamos un cambio de cerebro radical?, todo esto solo son excusas.

Observo que la mayoría no sabe ni por qué se celebra este día (ni tiene ninguna curiosidad por saberlo), qué acontecimiento rememora, qué objetivo tiene. Bien, pues da igual todo eso, porque lo único que no se me va de la cabeza es que si existe, si es necesario que exista un Día Internacional de la Mujer Trabajadora, es porque todo sigue estando mal, muy mal. Y no lo vamos a cambiar solo con lacitos, con tuits reivindicativos ni con publicaciones como esta. Es hora de volver a leer el segundo párrafo.

 

Mónica Cillán

@mcilland

Otra vez 8 de marzo

La intrahistoria actual

     No hay nada más difícil de frenar que la intrahistoria. Y cada vez menos, pero no porque el momento sea decisivo, ni porque vayan a cambiar muchas cosas en poco tiempo. Ahora es más difícil porque ya no está reservado su relato a los observadores; ahora son los mismos protagonistas quienes informan al resto de la humanidad de lo que está ocurriendo. La intrahistoria corre como la pólvora de un sitio a otro, sin océanos, sin fronteras, sin barreras… Los observadores se pondrán sus gafas ideológicas y filtrarán la intrahistoria para contarla como más les interese. Lo que ha cambiado es que su versión ya no tendrá que esperar a que, pasados los años, se debata en algún foro de expertos o aficionados sobre “la verdad” de lo ocurrido y que, a su vez, aplican su propio filtro y lo analizan a través de su propia experiencia, alejada de los que aquél suceso, cualquier suceso, vivieron. Ahora, esas versiones de los observadores son revisadas al momento, apoyadas o rebatidas en tiempo real, sustentando los argumentos en la propia experiencia que se está viviendo. Así, en gerundio. Bailan las cifras que las imágenes desmienten, bailan los datos que la realidad niega, y tiembla el observador al comprender que está en juego su relevante papel de antes.

     Pero, ¿qué está pasando en la intrahistoria? Se mueven como hormigas pequeñas legiones de ciudadanos socorriendo a ciudadanos abandonados; legiones de ciudadanos defendiendo derechos que les están siendo usurpados; legiones de ciudadanos plantando cara a las decisiones que les acorralan. Y más legiones, como hormigas laboriosas, construyendo los cimientos de lo que aún no es visible.

Mónica Cillán.

@mcilland

Este texto es de 2014, pero sigue conservando su vigencia.

La intrahistoria actual

Indignación, reflexión, acción.

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Plaza de Zocodover. Toledo. Mayo de 2011.

        En estos días se cumplen cuatro años y medio de esta fotografía. Jamás había pensado que yo algún día estaría en una plaza pública, rodeada de gente, hablando de política. Expresando libremente mi opinión y escuchando las más diversas opiniones de tantísimas ideologías diferentes. Aprendí mucho, muchísimo, pero lo más importante que aprendí para aplicar a lo que hoy me ocupa fueron dos cosas:

-La primera, saber el significado de las palabras que utilizan las noticias, los políticos y los tertulianos cuando hablan de política. Se podría decir que aprendí un idioma, pues de repente sus frases cobraban un significado real. A veces, realmente terrible.

-La segunda, a entender que la política, hacer política, es mucho más que votar cada cuatro años.

     Durante aquellos días, y a partir de entonces, ha habido cuatro citas electorales:

-Las municipales y autonómicas de 2011, donde el país se tiñó de azul de forma abrumadora.

-Las generales de 2011, donde el gobierno central se tiñó de azul con mayoría absoluta.

-Las europeas de 2014, donde se empezó a observar una tendencia clara de desaprobación a la gestión que se estaba llevando a cabo por quienes habían arrasado en 2011.

-Las municipales y autonómicas de 2015, donde esa tendencia de las europeas se materializó en una reversión de muchas corporaciones municipales y cambios de gobiernos autonómicos.

Durante estos años.

     Siempre me ha interesado la política y, mucho más, la historia. Y este interés ha suscitado que nunca me haya sido ajeno lo que ocurría alrededor. Desde que tengo posibilidad de votar ha habido seis elecciones generales, estas serán las séptimas y serán las primeras en que iré a votar.

     Veintidós largos años desde aquellas generales del ’93 en los que, no habiendo votado, he participado en la vida política sin saber que lo estaba haciendo: formando mi actitud crítica, informándome, debatiendo en casa, con los amigos, en las plazas, en las redes sociales… Y, desde el mes de mayo de 2011, además, reflexionando. Los tres primeros años (de estos últimos cuatro) los pasé muy indignada con lo que ocurría, muy sensibilizada con las medidas que se iban tomando desde los distintos gobiernos, muy atenta a las tertulias, a los periódicos, a la radio y a los políticos, hasta que día 31 de diciembre de 2014 tomé una decisión, entrábamos en año electoral e intentaría evitar en todo lo que pudiera, informarme a través de los medios tradicionales. Busqué medios alternativos de distintas ideologías, leía el BOE, las declaraciones oficiales, las sentencias y procedimientos judiciales ante la corrupción, las reacciones de los distintos partidos ante las mismas. Y, a partir de mayo de este año, me he preocupado de saber qué medidas se adoptaban en los gobiernos municipales y autonómicos en que habían entrado los partidos más recientes: en los habían conseguido tener capacidad de decisión, qué apoyaban cuando eran otros quienes gobernaban o cómo gestionaban sus coaliciones. Y para rematarlo, durante estos días de campaña electoral oficial, solo he visto los debates políticos de los candidatos o miembros de los partidos, los mítines de distintas formaciones y leído sus programas electorales.

Jornada de reflexión.

     Hoy es jornada de reflexión, pero muchos llevamos cuatro años reflexionando y más de veintidós observando y formándonos una opinión crítica.

       Mi conclusión es que lo que está pasando y la situación en la que estamos es algo que yo nunca hubiera imaginado para mi país cuando oía hablar de política en casa, ni cuando empecé a comprender la historia, ni siquiera cuando hubo que echar a un gobierno corrupto allá por los años noventa. Las cosas que pasan hoy son incompatibles con mis valores humanistas, son insostenibles por la razón crítica en virtud de la justicia social y son intolerables para quienes de verdad crean en la democracia.

     Pienso hoy en mis amigos que están lejos y no han podido votar. No son números, son personas a las que se les niega un derecho. Uno más. Y en los abstencionistas que, para paliar esta situación y a través de la Marea Granate, se han puesto en contacto con exiliados para cederles su voto y que puedan ejercer ese derecho vetado.

     Pienso en mi padre, que cuando se enteró de que no estaba inscrito en el censo de aquí se fue corriendo a Correos para que su voto cuente. Y en Alfonso, que también ha votado por correo.

     Y, pienso, cómo no, en todas esas personas que no podrán votar por motivos ajenos a su voluntad.

     Como es lógico, esto es solo un resumen, no podría detallar en un post como este cada una de mis reflexiones sin convertirlo en un tostón, pero servirá para haceros llegar cuál es mi sensación ante la cita electoral de mañana, un momento que yo considero importante para el rumbo futuro de nuestro país y, a nivel personal, un nuevo punto de inflexión en mi forma de ver y afrontar la política. Que desde luego, no se quedará en votar cada cuatro años.

Mi decisión.

      Por todo esto, y por primera vez, creo que cuento con la información suficiente porque la que tengo es importante y pone el foco en lo ineludible (mucha menos de la que me gustaría, pero suficiente).

   Creo también que mi opinión está bien formada y fundada en conclusiones racionales basadas en hechos objetivos y constatables.

      Por tanto, me siento capacitada para votar en plena conciencia de lo que voto, asumiendo los riesgos que conlleva pero sabiendo que la perfección no existe y que los milagros tampoco. No creo que ningún partido político esté capacitado para obrar un cambio lo suficientemente profundo que haga que todos veamos satisfechas nuestras aspiraciones en poco tiempo, pero tengo claro cuál es mi opción mañana. Por eso votaré.

Mónica Cillán.

@mcilland

Indignación, reflexión, acción.

Elecciones Generales 2015

Sé tú mismo,
pero sigue las normas sociales más rancias,
las leyes más injustas,
las injusticias más legales.

Sé tú mismo,
pero no estará bien visto
apoyar a LGTB en sus reivindicaciones,
ni estar en contra del maltrato animal,
ni manifestarte por la sanidad,
la educación,
las renovables y miles de causas más.

Sé tú mismo,
pero a ser posible piensa poco y mal,
debate solo sobre lo que decidan la tele y la prensa,
cree a pies juntillas los mítines políticos,
defiende el maltrato animal,
las puertas giratorias,
los desfalcos,
las estafas…,
cualquiera en su lugar lo haría,
no por avaricia, por tradición.

Sé tú mismo,
pero estás obligado a posicionarte
por un partido o por otro,
por un equipo o por otro,
por una idea o por otra.

Sé tú mismo, insisto,
pero eso sí,
no discutas, no cuestiones,
no pienses, solo cree,
todo lo hacen por tu bien.

Mónica Cillan.

@mcilland

Elecciones Generales 2015