Ni permiso ni perdón

Me gusta el verbo libre y desnudo

despojado de florituras,

imberbe en sus intenciones

y de canoso efecto.

 

Me sumo al clamoroso gritar del alma pidiendo libertad;

al absurdo de lo cotidiano.

Soy, entre muchas otras nadas, una nadería

rozando tu piel silente en esas noches calurosas;

el frescor del mar en el baño de San Juan;

el rayo de luna invisible y el rayo de sol invernal.

 

Soy el rumor cuando se vuelve murmullo acariciante;

la miseria a contraluz expuesta,

descarnadamente abierta y apestando.

 

Desalmo los sentimientos,

busco en la basura de la conciencia

pretendiendo sernos

cuando solo sabemos sabernos.

 

Cillán M. 

Ni permiso ni perdón

Qué

Cuando revire el viento y azote la desgana

cuando en tu lecho repases

cuando hagas la cuenta y te salga a deber.

 

Qué, cuando no podamos, qué.

 

Cuando viertan las nubes su acidez

cuando todos seamos muertos sin querer

cuando te asuste la vida y no puedas beber…

 

Qué hacemos con los besos que dejamos pasar

con los momentos que postergamos

qué hacemos cuando seamos conscientes

y comprendamos,

qué timo de eternidad.

 

¿Vendrá el tiempo a darme la razón?

pensarás, sin decirlo (lo sé),

he sido un cobarde.

Recordarás las decisiones que no tomaste

y ya para qué.

 

Me auguro un pensamiento:

y ahora qué.

 

Cillán M.

 

 

Qué