Los seis de Valencia

Sé, porque los veo en acción, que se dejan la piel, que dedican lo mejor de sí mismos y no escatiman esfuerzo ni ganas. Que los resultados de sus trabajos no son fruto del azar ni de la suerte, que el reconocimiento no llega por arte de magia y que, sobre todo, les veo disfrutar con lo que hacen.

Este fin de semana he visto de qué forma Laura corre de acá para allá, cámara en mano, cámara al cuello, portátil bajo el brazo, sonrisa en los labios, siempre una palabra amable mientras regala cariño en cada gesto y atrapa en su objetivo lo que ocurre delante (detrás, al lado, al otro lado) y despoja de artificios cada escena para contar en imágenes su propia versión de lo que está ocurriendo.

He visto a Julia ejercer las relaciones públicas de un modo magistral sin apenas darse cuenta. Pendiente de lo que hablaba con quien estuviera, a la vez que tenía un ojo puesto en su pareja para hacerle de apoyo, compañía, cómplice o todo lo que hiciera falta, ayudando a que ese equipo que forman los dos funcione con la precisión de un reloj, con una personalidad que se intuye fuerte y se comprueba que la misma nace de una sensibilidad que se le sale por los ojos.

Me alegro enormemente de volver a ver a Clara, de darle un abrazo y poder compartir con ella mucho más que unas horas. Ella, que hace a la perfección (y creo que sin planteárselo siquiera) que las cosas resulten fáciles con su simpatía y su actitud resolutiva. Y, además, me ha dejado ver lo que es la admiración, la incondicionalidad y el amor en sus maneras, en sus palabras, en sus opiniones…, que sin restarle un ápice de todo esto, son coherentes, fundadas y muy a tener en cuenta.

Observar a Gori es frenético, no para. Anda de acá para allá disfrutando de esas cosas que conlleva su trabajo de editor. Se le nota que disfruta hablando con unos, con otros, que en su cabeza tiene bien construido un puzle en el que constantemente va probando piezas que encajen y que, incluso en los momentos de relax (que se intercalan indistintamente) es una persona exactamente igual, muy activo, inquieto y siempre en movimiento. Su ritmo es desbordante.

David aparenta una calma eterna. Y digo aparenta porque sin necesidad de ser inquietud sí es efervescencia, en su gestos se nota la ágil habilidad de su mente. Da igual que esté sentado sin mover un dedo, solo hay que mirarle los ojos y las piernas, no paran quietos más de un instante. Da la errónea sensación, con su apariencia de inalterable, de que escribir lo que él escribe cuesta muy poco esfuerzo. Y ahí encuentro una parte imprescindible de su talento: hacer pasar por fácil lo que está al alcance de muy pocos. Y ver su sonrisa, esa que le nace de lo más profundo y te cuenta en un segundo (sin despegar los labios) todo lo que le está pasando es comprender que él, en mi caso, ha sido el origen primario de estas palabras cuando aún no estaban ni en el diccionario.

Y para cuadrar el círculo, Javier. Verle en acción es darse cuenta de su espíritu incombustible, de la entrega y pasión que pone en cada cosa que hace. Él no observa simplemente, va más allá, porque el hecho de que clave sus ojos en ti significa que has quedado al descubierto. Quizá no lo diga, pero sabe más cosas de ti de las que te gustaría que supiera. Y debe ser por eso que sabe en todo momento qué palabra necesitas, qué gesto, qué atención. Le he visto repartir su nobleza indiscriminadamente, ayudando a que todas y cada una de las cosas que hace vayan impregnadas de su verdad desnuda. Y le he dejado conscientemente para el final porque sin él, que se empleó a fondo en todo esto, no hubiera sido posible tener el corazón lleno de todas estas cosas buenas.

Les admiro. Conocerles, compartir tantos momentos y emociones con ellos, descubrir ese lado más personal, reírnos a carcajadas y muchos más detalles, solo hace que pueda decirles ¡gracias!, y hacerlo, además, a pleno pulmón. Gracias por haberme hecho sentir tan cómoda, tan como en casa, tan feliz. Gracias a todos y cada uno (que aunque no son los únicos sí que son los imprescindibles) porque han hecho que un encuentro de trabajo se haya acabado convirtiendo en una experiencia inolvidable. Gracias por tanto. Quizá otro día abra la maleta de muchas más cosas que me han fascinado este fin de semana en Valencia Negra, pero perdonadme que hoy se lo quiera dedicar a ellos en exclusiva.

Los seis de Valencia

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