Mis intenciones ficticias

     A mí me interesa que se hable de recuperación económica. Me interesa que la gente se lo crea, sobre todo las pequeñas y medianas empresas. Me interesa muchísimo que el optimismo alcance sus cotas más elevadas. Y, sobre todo, me interesa que sea verdad. Pero no me puedo -ni os debería- engañar. Porque sería el primer paso, quizá el único, hacia el precipicio.

Mis intenciones ficticias.Presidente del Gobierno de Mi Casa

Mis intenciones ficticias

     Los mundos ideales tienen mucho de verdad, pero tienen mucho más de intenciones, y la intención con que se hacen las cosas es quizá lo peor de las acciones.  A veces los hechos no responden a las intenciones, ni las justificaciones que se aportan responden a la verdad de la intención que las motivó.

     Seguro que todos recordáis haber escuchado alguna vez algo así como, “lo siento, no fue mi intención”. Y quizá sea cierto que quien os hablaba creyera que no era esa su intención, pero ¿cuál era entonces? ¿Te hizo daño cuando su intención era demostrarte cuánto te quería? La mente te dirá una y otra vez que las palabras no encajan con los hechos. Y esa es la única forma de saber si las intenciones fueron o no las que tú crees que fueron. Si mi intención es demostrarte cuánto te quiero, mi mente se centrará en aquellas cosas que yo sé que te gustan, que te producen placer, alegría, ilusión…, ¿y resulta que lo que finalmente hago es dañarte?. ¿Qué ha podido fallar entonces? Ha fallado, y estrepitosamente, la variable más importante: que yo te quiera de verdad, y que cuando piense en eso que te gustará piense solo en ti y en tus deseos, sin que intervengan para nada los míos.

     Traslademos este ejemplo a la política. Quieren que nos sintamos bien, demostrarnos que hacen cosas por nosotros porque nos valoran como ciudadanos y gobiernan para todos. Y, en el mejor de los casos,  hacen cosas que ellos creen que son lo mejor para nosotros. ¿Qué falla entonces si el resultado de esas cosas no redunda verdaderamente en algo positivo para nuestra vida? Que vuelve a fallar la variable más importante: no es verdad que nos quieran, por tanto, la intención verdadera nunca puede ser complacernos.

     Las palabras se las lleva el viento.

Mónica Cillán.

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